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Según la enseñanza Teosófica, el
hombre es en esencia una Monada, un fragmento de la Divinidad, un
destello de Dios, una Chispa del Fuego Divino que reside perennemente en
el plano Monádico o Anupadaka de la Naturaleza . Es él una
individualidad, un hijo que va a crecer, a evolucionar hasta la
semejanza de su Divino Padre. Siendo esta Monada un fragmento de lo
Divino, contiene en si misma, en potencia, toda perfección, toda bondad.
En tal estado, y aunque sea divina, aparece incapaz de ejercer sus
energías en Planos inferiores, y no posee el poder de dominar detalles
físicos o de actuar en la materia física de un manera definida o
precisa. Lo que tiene que hacer en el transcurso de la evolución por la
cual deba pasar es desarrollar todos sus poderes latentes.
Para los propósitos de la evolución humana, el
verdadero Ser, la Monada, se manifiesta a sí misma en los mundos
inferiores, se envuelve a sí misma en una y otra vestidura cada cual
hecha de una materia perteneciente a una definida región de Universo, y
así se capacita el Ser para ponerse en contacto con cada región y
adquirir, por consiguiente, el conocimiento de ella
En la actual etapa del humano desarrollo, la
evolución humana tiene lugar tan solo en cinco de los siete Planos de la
Naturaleza.
Cuando la Monada desciende de su Plano y entra
en el mundo espiritual se muestra en tres aspectos, de los cuales el
primero, que permanece siempre en aquel mundo, se denomina Atma, ó el
Espíritu en el hombre. Al segundo, que se manifiesta en el Plano
intuicional, ó Búddhico, se le designa como Buddhi o la intuición en el
hombre, en tanto que el tercero, que se muestra en el Plano Mental
Superior, es llamado Manas, la inteligencia en el hombre.
Esta triple manifestación de la Monada en tres
niveles como Atma, Buddhi, Manas ó Espíritu, Intuición, Intelecto, se
llama el Ego ó la individualidad. Este Ego es el hombre durante la
etapa de evolución humana en el mundo de manifestación ó en el quíntuple
Universo, y se le describe como una semilla, un germen de la Vida Divina
conteniendo las potencialidades de su propio Padre Celestial, su Monada,
que debe transmutar en poderes en el curso de la evolución; de hecho
este seria el equivalente más aproximado al concepto ordinario del
Alma.
El Ego toma sobre sí un vehículo llamado el
cuerpo Causal, constituido de materia del Plano Mental Superior, y así
el hombre tal como lo conocemos, aunque sea en realidad una Monada
residiendo en el mundo Monádico, se muestra como un Ego en el mundo
Mental Superior mediante un vehículo llamado cuerpo Causal, formado de
los tres subplanos más sutiles del. Mundo Mental.
Ahora bien, el Ego, antes de descender al mundo
físico debe pasar a través de los mundos mental inferior y astral, y al
hacerlo así, incluye a en derredor de sí mismo velos de la materia de
estos planos que más tarde transforma en sus cuerpos mental y astral,
solamente después de haber asumido estos vehículos intermediarios puede
tener contacto con el feto y nacer en el mundo físico para vivir una
vida física, y trabajar allí por obtener el conocimiento de ella.
Al final de su vida, cuando el cuerpo físico
está ya gastado, el Ego invierte el proceso de descendimiento,
deshecha primeramente su cuerpo físico y centraliza su vida en el
cuerpo astral, en el mundo astral; después deshecha aquel vehículo y
permanece en el cuerpo mental, dentro del mundo mental por largo tiempo,
y cuando éste es abandonando, a su turno, el Ego se encuentra de nuevo
en su propio mundo.
Trascurrido cierto tiempo repite de nuevo el
proceso de descenso hacia la materia densa, tomando un vez más nuevos
cuerpos, mental, astral y físico
El Ego crece, más por otra parte vive sin
alteraciones hasta que alcanza su meta: el sumergirse en la Divinidad.
No le afectan nacimientos ni muertes, como reside en un cuerpo Causal
permanente de una a otra vida, retiene la memoria de las experiencias de
todas sus personalidades, la que comúnmente llamamos vida, es apenas un
día de su vida real, y el cuerpo físico que nace y muere, es apenas una
vestidura que accidentalmente usa para impulsar su evolución.
Esta pues es la constitución real del hombre,
es él una Monada , un destello de lo Divino, y el Ego es una expresión
parcial de aquella Monada , alojado en el cuerpo Causal que le sirve
para poder entrar en la evolución y regresar a la Monada con cualidades
desarrolladas y conocimiento adquirido mediante experiencias.
Cuando torna de nuevo, proyecta hacia la
tierra una parte de sí mismo llamada una personalidad, que nuevamente
usa tres cuerpos, el mental, el astral y el físico.
Por consiguiente: cuando pensamos y decimos que
conocemos a un hombre aquí, en el plano físico, sería un poco más de
acuerdo con la verdad decir que conocemos la milésima parte de él. El
Ego es una parte de la Monada, algo así como la proporción que existe
entre una oreja y todo el cuerpo, y siendo la personalidad a su vez una
parte del Ego, lo que normalmente creemos que es el hombre, apenas es un
fragmento de un fragmento del hombre real.
Y así aquella parte de la individualidad ó del
Ego, llamado también el Yo superior, que se manifiesta en una
reencarnación en un tiempo dado en una raza particular, ya fuere como
hombre ó mujer, es la personalidad ó el ser inferior.
La relación entre la individualidad y la
personalidad ha sido expresada mediante muchos símbolos, uno de los
cuales es aquel de una sarta de perlas, donde el hilo representa la
individualidad, y las perlas, cada una de las distintas personalidades
en sucesiva encarnación. Sin embargo la individualidad usa tan solo una
personalidad para el propósito del trabajo que efectuará en una
encarnación; y tal personalidad al nuevo nacimiento toma un nuevo
cuerpo mental, astral y físico.
Cada uno de estos cuerpos, además, tiene su
propia vida y conciencia enteramente distintas de la vida y conciencia
de la personalidad que usa los cuerpos. Esta conciencia corporal del
cuerpo mental se conoce bajo el nombre de elemental mental, la del
cuerpo astral como elemental deseo, y la del cuerpo físico bajo el
nombre de elemental físico.
La materia de los cuerpos mental y astral no es
materia muerta, de hecho no existe la materia muerta en parte alguna que
sepamos, puesto que toda materia ha sido vivificada por el primer
influjo proveniente del tercer aspecto del Logos, en tanto que a todas
las formas se les da alma, y se la vivifica luego por el Segundo Influjo
que generalmente es llamado esencia Elemental, y que a menudo se
describe como esencia monádica, especialmente cuando se halla animando
la materia atómica de cada plano en su curso descendente.
La conciencia corporal de los cuerpos mental y
astral, llamada respectivamente el elemental mental y astral, es la vida
de la materia mental y astral en sus respectivos vehículos. En la vida
celular que los compenetra, nada hay todavía de inteligencia, si no
solamente un fuerte instinto haciendo presión constante en dirección de
lo que es ventajoso para su desarrollo.
Lo que la esencia elemental requiere para su
desarrollo es vibración, por que crece, tal como en mucho más alto nivel
lo hacemos nosotros, aprendiendo a responder a impactos del exterior.
La esencia viviente en la materia del cuerpo
mental está siempre en busca de variedades en la vibración, y tiene la
mayor rebeldía posible a dejarse sujetar durante largo tiempo a un tipo
definido de aquella, tal es el caso que todos encontramos en nuestros
esfuerzos por concentrarnos, cuando algo dentro de nosotros parece
impeler constantemente a nuestro pensamiento a vagar, y resistir
vigorosamente todo esfuerzo que hacemos por mantenerlo fijo en una línea
determinada.
La vida que anima la materia de la que están
construidos los cuerpos mental y astral se encuentra en el arco
descendente de la evolución, caminando hacia abajo ó hacia fuera en la
materia, de tal suerte que para ella progreso significa mayor
materialidad, esto es, descender a más densas formas de materia, y
aprender a expresarse a trabes de ellas.
Para el hombre desarrollo es precisamente lo
contrario, él ya se ha hundido profundamente en la materia y se
encuentra ahora saliendo de ella en dirección a su origen, elevándose
de lo material hacia lo espiritual, y reaccionando tan solo a las más
delicadas vibraciones de altas y nobles aspiraciones. De consiguiente:
existe un perpetuo conflicto de intereses entre el hombre interno y la
vida que habita la materia de sus vehículos, puesto que ésta tiende
hacia abajo mientras él aspira hacia lo alto.
El elemental astral, esto es, la vida que anima
las moléculas de materia en el cuerpo astral, llamado así mismo
elemental deseo, requiere para su evolución todo género de vibración
pasional de tan diferentes clases como sea posible, y tan fuertes y
groseras como se encuentren; su evolución, como la del elemental mental,
se efectúa mediante vibraciones, y vibración en el plano astral es
siempre el resultado de alguna pasión ó emoción de todo género. El
próximo paso en su evolución será animar la materia física y
acostumbrarse a usarla para oscilaciones aún más lentas, y como un
adelanto de tal camino desea las más rudas y extremas de las vibraciones
astrales No puede decirse que posea inteligencia alguna puesto que ni
siquiera llega aún al nivel del mineral, sin embargo tiene una capacidad
extraordinaria para adaptarse a las circunstancias ambientes y extraer
de ellas lo que necesita; y esto, seguramente parecerá muchas veces como
una inteligencia parcial ó instinto muy agudo.
La vida en la masa de moléculas en el cuerpo
astral tiene, aunque vago, un sentido de sí misma como de un todo, como
una clase de entidad temporal, no sabe que es parte del cuerpo astral de
un hombre, es completamente incapaz de comprender lo que es un hombre,
pero con su curioso instinto, se da cuenta a ciegas de que bajo sus
actuales condiciones recibe muchas más oleadas de vibración, y estas
mucho más fuertes que las que podría recibir flotando suelta en la
atmósfera, en el mar general de esencia astral, allí le llegarían en
ocasiones tan solo como desde larga distancia, la radiación de las
pasiones y emociones del hombre, pero ahí se halla en el propio corazón
de ellas, no puede perder una sola y las recibe en su más alto grado;
por tanto se siente en una buena posición, y se esfuerza por mantenerse
en condiciones tan ventajosas.
Las partículas del cuerpo astral están siendo
continuamente cambiadas y desechadas, justamente como sucede con las
partículas del cuerpo físico. No obstante, la sensación de
individualidad es comunicada a las nuevas partículas a medida que
entran, y la esencia que se halla incluida dentro del cuerpo astral de
cada hombre, sin duda, se considera a sí misma como una especie de
entidad, y por consiguiente actuará en beneficio de lo que estima sus
intereses.
Estos intereses, como antes se dijo, son por
regla general diametralmente opuestos a los del alma, de aquí surge una
perpetua contienda entre ambos, es decir, entre el elemental deseo y el
alma, ó como San Pablo la define: la ley en los miembros peleando contra
la ley en la mente. Pero va más lejos aún, la entidad encuentra cierta
clase de materia más fina formando parte de ella misma, la materia del
cuerpo mental del hombre, y llega a la conclusión de que si consigue
envolver aquello más fino dentro de sus propias ondulaciones, estas
serán intensificadas y prolongadas en gran manera, puesto que la materia
astral es el vehículo del deseo y la materia mental el vehículo del
pensamiento. Este instinto si lo traducimos a nuestro lenguaje significa
que si el cuerpo astral puede inducirnos a pensar que nosotros
necesitamos lo que el quiere, es más probable que lo consiga, y así
ejercita una lenta pero firme presión sobre el hombre, cierta especie de
hambre de parte de ella, pero para este una tentación por aquello que
sea bajo y no deseable.
Si acaso un hombre es pasional hay una presión
suave pero incesante hacia la irascibilidad. Si acaso fuere sensual
habrá una presión igualmente firme hacia la impureza. Tal presión, que
no es el acicate de su propia naturaleza, ni la tentación puesta por
algún diablo imaginario, es natural, no para el hombre si no para el
vehículo que está usando; tal deseo es natural y recto para este pero
dañoso para el hombre, de aquí la necesidad que hay de resistirlo, pues
debería ser muy humillante para el hombre dejarse vencer ó permitir que
se le use como instrumento por algo que ni siquiera es mineral aún. Pero
si él resiste, si rehúsa ceder a los sentimientos ó pasiones que se le
sugieren, si se niega a satisfacer sus bajos deseos, gradualmente cambia
la esencia elemental dentro de sí y construye una entidad enteramente
distinta, una diferente criatura, porque las toscas partícula que dentro
de él necesitaban aquellas vibraciones groseras desfallecen por falta de
alimento y por fin se atrofian y se retiran de su cuerpo astral, siendo
reemplazadas por otras partículas más elevadas y finas cuyo tipo
vibratorio natural esté en más estrecha relación con lo que
habitualmente permite el hombre dentro de su cuerpo astral.
Esto nos explica aquello que se llama las
insinuaciones de nuestra naturaleza inferior durante la vida, si el
hombre accede a ellas, tales tentaciones aumentan más y más de fuerza
hasta que él se siente impotente para resistirlas y se identifica con
ellas que es cabalmente lo que necesita esta curiosa semivida en las
partículas del cuerpo astral.
Pero si el hombre controla sus deseos y vive la
vida Teosófica terminará su actual encarnación con un tipo mucho mejor
de elemental deseo que el que trajo a su nacimiento, y por consiguiente,
principiará su nueva encarnación usando una clase más refinada de
aquella esencia elemental.

El elemental físico,
sus funciones y naturaleza.
El elemental físico o conciencia corporal del
cuerpo físico, es la esencia de las oleadas de vida mineral, vegetal y
animal que integran el cuerpo físico. Este cuerpo está construido con
células siendo cada una de ellas una pequeña vida separada animada por
el Segundo Influjo de los tres mencionados en el Capítulo VIII y que
procede del Segundo Aspecto de la Deidad.
Todas las células combinadas dentro
del cuerpo, sirven como vehículo de una forma de conciencia más elevada
que cualquiera de las que ellas conocen en sus vidas separadas. Esta
conciencia, limitada como está, basta para los propósitos de la vida y
funciones del cuerpo físico. Esta conciencia corporal física, el
Elemental Físico, es la que atrae la atención del individuo cuando hay
necesidad de ello, es decir, la que demanda descanso cuando el cuerpo
físico está fatigado, o la que urge por alimento o bebida cuando el
cuerpo necesita de estas cosas. El cuerpo0 con su elemental físico es
también suficientemente apto, debido a prolongados hábitos ancestrales
de herencia, para protegerse a si mismo cuando le atacan gérmenes de
enfermedades, poniendo en pie de guerra a su ejército de fagotitos para
matarlos y cuando sufre escoriaciones cortaduras o heridas, acumula
legiones de glóbulos blancos donde proceda para tratar de construir
nuevas células. Cuando el cuerpo físico está dormido y su ocupante
ausente con su cuerpo astral en este mundo. el elemental físico es el
que recoge la ropa de cama para protegerse del frío y el que lo mueve
para adoptar una nueva postura.
Muchas de estas manifestaciones del elemental
físico son bastante naturales y no requieren intervención por parte del
ocupante del cuerpo físico, pero en ocasiones esa intervención es
necesaria, como cuando se trata de realizar u trabajo peligroso y el
elemental, temiendo por su vida, trata de rehuirlo, viéndose obligado a
mantenerse en la acción por la voluntad del, hombre, o bien, cuando se
trata de cumplir con el deber y el cuerpo de encuentra cansado y se
resiste a ello, debiendo ser forzado al trabajo.
Un Maestro de Sabiduría dijo: “Pero el
cuerpo y el hombre son dos cosas distintas y lo que el hombre quiere no
es siempre lo que el cuerpo desea. Cuando tu cuerpo desee algo detente a
pensar si tú realmente lo deseas”.El cuerpo físico tiene la
tendencia a la inacción, a Tamas, y el hombre que comienza a saber es
consciente de que ha de imponerse a la tendencia natural del cuerpo
físico y realizar la acción que él sabe que ha de hacerse. Esto se va
consiguiendo poco a poco según se obtiene el dominio sobre el cuerpo
físico, y por tanto, sobre el elemental.
En los niños el elemental físico es muy pronunciado. Cuando el niño
grita o se retuerce, es el elemental y no el alma del niño el que da
expresión a sus objeciones, las cuales, aunque muy razonables para él,
no nos parecen a menudo que lo sean.
Los cuerpos del hombre
El ser humano es una entidad que para su desarrollo evolutivo total
interno, vive en distintos mundos o planos que también podemos denominar
distintos estados de materia de densidad o grado vibratorio desigual.
Ello le capacita para poder experimentar en distintos medios o
escenarios vibratorios diferentes y así poder obtener, lentamente, el
desarrollo espiritual interno que le lleve cada vez a cotas más elevadas
de manifestación y de posibilidades más trascendentes. En mayor o en
menor escala, según sea su estado evolutivo, todos los seres humanos
usamos estos cuerpos cuando nos encontramos en el medio, grado
vibratorio o plano, correspondiente.
Lo normal es que una persona sea consciente en uno de los planos cuando
emplea el cuerpo correspondiente a ese plano en particular. No
recordamos lo que hacemos en otros cuerpos, y por lo tanto planos,
porque nuestra conciencia no está lo suficientemente expandida o
ampliada como para ser consciente en más de un plano o cuerpo, cosa que
se consigue, pausadamente, según la persona avanza en su desarrollo
interno.
De menor a mayor densidad de la materia que los constituye, se enumeran
los siguientes cuerpos:
CUERPO CAUSAL. Se le llama el cuerpo de Manas, es el vehículo permanente
del Ego en el mundo mental superior y consta de las tres primeras
subdivisiones de dicho mundo. Todo lo que a él llega, subsiste. Es como
una especie de almacén en el que se guardan las experiencias favorables
adquiridas durante la vida en los tres planos físico, astral y mental
inferior. Se le llama causal porque en él residen todas las causas que
se manifiestan como efectos en los planos inferiores, porque en él
radica la causa de nuestro progreso, rápido o lento, puesto que, del
tesoro almacenado en este cuerpo, es del que extraemos las cualidades de
carácter y capacidad cada vez que tomamos un nuevo nacimiento sobre la
Tierra.
Lo que realmente es el ser humano es una forma humana asexuada, ni de
hombre ni de mujer, lo que es accesorio, que se parece a un ángel
tradicional. Este cuerpo está rodeado por un ovoide de materia luminosa
ígnea, y sin embargo, delicado. A esta forma se le llama el Augoeides.
Es el hábitat permanente del alma, el cuerpo causal. En tal cuerpo mora
el alma. inmortal y eterna.
Visto clarividentemente, este cuerpo aparece como un ovoide que circunda
al cuerpo físico extendiéndose a una distancia de unos ochenta o noventa
centímetros.
Según crece el ser humano internamente y se desarrolla espiritualmente,
aumenta el tamaño del cuerpo causal y las tonalidades que lo colorean
van siendo cada vez más suaves y delicadas. En el ser poco desarrollado
la parte más ancha del ovoide se encuentra en la parte inferior,
mientras que en más evolucionado, esa parte está en la parte superior.
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El cuerpo causal según la descripción que C. W. Leadbeater,
en su libro el "El hombre visible e invisible" |
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CUERPO BUDDHICO. Es el vehículo formado por la agrupación de materia del
plano búddhico en virtud de las vibraciones del Yo Superior. Es llamado
muy apropiadamente “Cuerpo de Bienaventuranza”.
EL CUERPO MENTAL. El cuerpo mental está compuesto de materia del plano o
mundo mental inferior, es decir, de los cuatro subplanos inferiores del
plano mental. Expresa los pensamientos concretos del ser humano,
reaccionando, por sus vibraciones, a los cambios de pensamiento en él.
Es el vehículo del Ego, el Pensador, para ejercitar su raciocinio, para
su manifestación como intelecto, y varía grandemente de unas a otras
personas. Es ovalado en su contorno, e interpenetra los cuerpos astral y
físico rodeándolos de radiante atmósfera a medida que se desarrolla.
El tamaño y forma de este cuerpo dependen de los del cuerpo causal.
Literalmente, el cuerpo mental crece de tamaño a medida que el ser
humano avanza en su evolución. En una persona no evolucionada es difícil
distinguirlo, pero en una más avanzada, aunque no sea un ser espiritual
sino que tan sólo tiene desarrolladas las facultades mentales, se ve
este cuerpo como un vehículo de actividad claramente desarrollado y
organizado de contornos precisos y pleno de vigor.
Los colores en este cuerpo y en el astral tienen igual significado que
en los del causal, pero a medida que nos aproximamos a la materia
física, las estrías son comparativamente más anchas, menos delicadas y
menos vívidas, hallando al propio tiempo, algunos colores adicionales en
los cuerpos bajos. El pensamiento de orgullo se ve como anaranjado. La
irascibilidad como escarlata brillante. La avaricia como castaño claro.
El egoísmo como gris oscuro y el engaño como gris verdoso. Pero sucede
que las buenas cualidades, afecto, devoción o intelecto, pueden estar
teñidas de egoísmo, y entonces los colores respectivos aparecen impuros
y sucios por el tono oscuro del egoísmo.
El cuerpo mental crece o se desarrolla por el pensar. Por el ejercicio
de las buenas emociones, aspiraciones y esfuerzos benéficos, así como
por una regular y continuada meditación. Nuestros pensamientos son el
material que introducimos en el cuerpo mental, y lo construimos, día a
día, literalmente por el uso de las facultades artísticas y de las más
elevadas emociones. Los buenos pensamientos producen vibraciones en la
materia más delicada de este cuerpo, la cual, por su gravedad
específica, tiende a flotar en la parte superior del ovoide, mientras
que los malos pensamientos, como el egoísmo o la avaricia. Son
oscilaciones de la materia más burda que gravita hacia la parte inferior
del ovoide.
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El cuerpo mental según
C.W.Leadbeater |
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EL CUERPO ASTRAL. Está compuesto de materia de los siete subplanos del
mundo o plano astral. Es el cuerpo de la conciencia de los deseos del
ser humano, el asiento de todos los deseos animales, el centro de los
sentidos donde todas las impresiones sensoriales llegan a sensaciones.
Es el vehículo de la pasión y de la emoción inferior en el ser humano.
Su tamaño y forma son como los de los cuerpos superiores ya tratados, es
decir, el mental y el causal. Cada uno de nosotros trabaja
constantemente a través del cuerpo astral, pero muy pocos trabajan en él
separado del físico.
En una persona poco adelantada, este cuerpo presenta una apariencia muy
rudimentaria con contornos imprecisos y muy turbios, rudo y mal
configurado, semejante a una nube revuelta de colores desagradables.
Separado del cuerpo físico, como durante el sueño, no es más que una
nebulosa sin forma incapaz de actuar como vehículo independiente, pero
en un ser de cultura intelectual y con crecimiento espiritual, muestra
los colores de su forma por lo bien definido de su contorno, la
luminosidad de sus materiales y la perfección de su organización.
Los colores del cuerpo astral tienen el mismo significado que los de los
cuerpos más sutiles o elevados pero brillan a varias octavas de color
más inferiores que las de dichos cuerpos, además, el cuerpo astral tiene
algunos colores adicionales que le son propios que expresan sentimientos
menos deseables en el ser humano, sentimientos que no pueden mostrarse
en los cuerpos superiores. Así, el negro es el color del odio y la
malicia, el gris oscuro y espeso significa depresión, mientras que el
gris pálido y lívido indica temor. La sensualidad se refleja por el
color rojo ladrillo sucio, las manchas escarlatas representan la ira,
los celos se reflejan por el color verde pardo, la cólera está
representada por llamaradas de escarlata claro. Cuando el cuerpo astral
está dominado por la influencia de algún sentimiento en particular, por
ejemplo, la devoción, el cuerpo se inunda de color azul, todo el cuerpo
está dominado por ese color hasta que con el tiempo adquiere su
coloración normal.
Todo lo relacionado con el cuerpo físico queda expuesto en el capítulo
siguiente.
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Cuerpo Astral |
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