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"Cómo era" - Aramí Artículo publicados con motivo del deceso de Olcott en la revista “Sophia” de Marzo 1907. |
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Era así como se ve en este retrato. Así fue hace muchísimo tiempo. Luego fue como se ve en este otro que va aparte. Hace poco era más viejo, naturalmente, pero sin variar mucho. Esa barba bíblica, patriarcal, de Oriente, que traía el recuerdo de Darwin, de Tolstoi, ha temblado muchas veces al abrirse los labios para la bondad, y jamás fue agitada por la cólera, y hasta el aire yo creo que nunca la descompuso de su estética. y tranquila conformación. Era afable, pausado; la mesura parecía una condición de su equilibrio personal. Y las palabras en francés, en italiano, en español salían de sus labios meditándose aún, pero llenas de fósforo, de trabajo, de sentimiento. Su corpulencia, su volumen le imprimía esa majestad y ese reposo que ofrece siempre gallardos á los ancianos de Oriente, graves, corteses, que andan no por sus propios pies sino como llevados en andas por gentes de poca fuerza. Apoyado en un mueble, reclinado en una columna, acariciaba la barba ó extendía una mano para levantar un velo invisible para los hombres, y hacía la luz poco á poco y ésta salía de sus ojos, unos ojos cansados que quebraban su fulgor tras la roca de sus lentes, puestos un segundo antes con la más deliciosa inhabilidad y la sonrisa de niño que quiere hacer una picardía. Cuando le presentaban alguien, como volviendo de una distracción involuntaria, se admiraba un momento y decía en el idioma del presentado: «Ah, sí, Sr. Fulano, celebro mucho verle a usted bueno.» Ya no se olvidaba de aquel nombre, ni dejaba de recordar aquella cara. Exteriormente era así, venerable, grueso, macizo. Parecía un león anciano respetado por el tiempo y los achaques. A veces un párpado pesado, inobediente velaba un ojo y entonces le imitaba el otro, y dormido en apariencia se miraba por dentro, y atrapando una frase de los demás la contestaba inmóvil, pero queriendo abrir sus ojos con esa actitud de los ciegos que ponen en las cejas lo que no tienen en las pupilas. Viéndole así ¿quién había de imaginar su obra, su actividad? Su edad, su gravedad, su mesura, el pequeño embarazo en su ademán, no decían nada de su gran energía, de su constante y persistente acción. Y sin embargo, había hecho ya mucho. Ved lo que dice uno de sus biógrafos, otro norteamericano como él: "Cuando estalló la guerra civil en América, H. S. Olcott abandonó su profesión de abogado, que había ejercido muchos años, é ingresó en las filas de los Estados del Norte. Después de haberse encontrado en cuatro combates sucesivos, y en el sitio de Fort -Macon, tuvo que retirarse á causa de la disentería que contrajo en campaña, como muchos de sus compañeros. Sus antiguos trabajos sobre reformas agrícolas y otras materias, decidieron á las autoridades á hacer uso de sus talentos tan pronto como recobró la salud. En su consecuencia, fue elegido comisionado especial del Departamento de la Guerra, en cuyo cargo se distinguió, con riesgo de su vida, persiguiendo y poniendo de manifiesto enormes fraudes en contratos celebrados con el Gobierno. La sociedad tenía dispuesta la cantidad de 250.000 duros para sobornar al Coronel Olcott; pero ninguno de los que la componían tuvo la suficiente audacia para proponérselo. Poco después fue nombrado para una comisión en el Departamento de Marina, á petición del Secretario de la misma, y llevó consigo cartas de la más distinguida recomendación del Departamento de la Guerra, para facilitar el cumplimiento de sus nuevos deberes en servicio del Gobierno. Cuando se retiró del servicio público, á la terminación de la guerra, los diversos Departamentos del Gobierno compitieron en darle testimonios de sus valiosos servicios, según aparece de las cartas que conserva el Coronel, del Comodoro J. E. Hull, U. S. N.; de J. Holt, juez abogado general del Departamento de la Guerra; del Han. P. H. Watson, secretario asistente de Guerra; del Hon. Wm. E. Chandler, secretario asistente del Tesoro, y otras muchas, todas las cuales atestiguan el celo, abnegación é integridad con que desempeñó sus deberes, en medio de los mayores peligros personales, y cómo llevó á buen término todos sus cometidos con su valor excesivo, con su determinación y con su lealtad. Poco tiempo después se dedicó de nuevo á su profesión de abogado, y fue nombrado Director de la Convención Nacional de Seguros. Las compilaciones que hizo durante los dos años que ejerció aquel cargo, han sido desde entonces el credo de los negocios de Seguros en los Estados Unidos. Por este tiempo conoció á Mad. Blavatsky, á quien encontró cuando desempeñaba una comisión del Graphic de Nueva York, para investigar las famosas manifestaciones espiritistas que ocurrían en la familia Eddy en la granja de Chittenden, Vermont. El resultado de sus investigaciones fue publicado en su libro “Gente del otro mundo”, mientras que su amistad con Mad. Beavatsky fue el principio de la subsiguiente formación de la Sociedad Teosófica.» El mismo Presidente ha contado su encuentro con madame H. P. Blavatsky tal como fue. Nada de particular. Una cosa sencilla. Su obra “Old Diary Leaves” empieza precisamente diciéndolo: «Puesto que voy á contar la historia del nacimiento y progreso de la Sociedad Teosófica, debo empezar por el principio, y contar cómo se vieron por primera vez los dos fundadores. Fue una cosa verdaderamente vulgar (a very prosaic incidente). Yo dije: Permettez moi, madame, y le di lumbre para su cigarro; nuestra amistad comenzó fumando, pero se acrecentó con un fuego permanente.» Después vino el gran trabajo, la gran actividad, y renunciando á todo se dedicó á la causa de la Teosofía. Su biógrafo Walter R. Old, añade: «Cuando en 1879 él y Mad. Blavatsky fueron sometidos á la vigilancia de la policía, á consecuencia de falsas denuncias, los testimonios del Gobierno americano fueron remitidos al de la India, cuyo gobernador dictó una orden, adoptada en consejo, para que en lo sucesivo dejasen de ser molestados. Los testimonios referidos fueron después publicados en el Suplemento al Theosophist de Enero de 1881. Cuando vivía en América, fundó el Coronel Olcott la Escuela de Agricultura, con arreglo al modelo suizo, y escribió tres obras sobre este ramo, de 1as que se publicaron varias ediciones. Por requerimiento especial dio también conferencias en tres legislaturas oficiales de Agricultura, y recibió ofrecimientos del Gobierno americano para desempeñar la misión botánica de Caffraria, y del Gobierno griego para la plaza de jefe de la Comisión de Agricultura de la Universidad de Atenas. La Sociedad Nacional de Agricultura de los Estados Unidos le concedió dos medallas de honor por sus reformas en este ramo, y el Instituto americano le regaló una copa de plata. Además de escribir muchas obras originales de importancia para la instrucción pública, tradujo 1a “Humanidad póstuma”, de Adolfo D' Assier, á la que añadió un apéndice de sus propias investigaciones; y durante su carrera literaria escribió, como redactor de la sección de agricultura, en el periódico de Horace Greeley, el New York Tribune, y como corresponsal en los Estados Unidos del Mark Lane Express. Es digno también de mención que el Coronel Olcott es uno de los poquísimos soldados antiguos de la guerra civil que jamás han pedido ni recibido ninguna recompensa pecuniaria o pensión por sus servicios.” Una de las obras más interesantes que ha llevado á cabo ha sido el poner los cimientos para realizar la unión del buddhismo del Norte y del buddhismo del Sur, fijando un credo común para ambas iglesias. Y esa obra la realizó al hacer su célebre “Catecismo buddhista”. Era así. Y ahora, recordando su enseñanza, viviéndola en nuestra vida, no hablemos en pretérito ó en pasado, sino en el eterno y perdurable presente de la Verdad. Es así. Aramí |
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FEDERACIÓN TEOSÓFICA INTERAMERICANA Tomado de las CARTA DE NOTICIAS No. 12 y 13 de la presidenta de la FTI
La Federación Teosófica Interamericana, comprometida en la conmemoración del Centenario de la Muerte del Coronel Olcott, solicitó al Dr. John Algeo que escribiese dos artículos acerca de nuestro venerable fundador, Henry Steel Olcott, a fin de publicarlos en los dos números de la Carta de Noticias de la FTI del 2006. Su primer artículo fue muy apreciado y muchas secciones lo reimprimieron en sus respectivas revistas. A continuación el artículo completo del Dr. John Algeo:
“Henry
Steel Olcott (2 de agosto de 1832 –17de febrero de 1907)
(Una buena
parte de este artículo está basado en la biografía escrita El coronel Olcott tuvo tempranamente una distinguida carrera como agricultor, servidor gubernamental, corresponsal, abogado, y especialista en seguros. Pero su trabajo real estaba más allá de todo eso. La vida del coronel cambió de forma dramática e inesperada un día de 1874, cuando a la edad de 42 años, y habiendo ido a Chittenden, Vermont, para escribir una serie de artículos sobre el fenómeno espiritista que ocurría en ese sitio, conoció a Madame Blavatsky. A su encuentro, esas dos viejas almas reconocieron de inmediato un ligamen entre ambos que se remontaba a muchas vidas atrás. Llegaron a ser compañeros de trabajo en la tarea que el Maestro de HPB le había dado a esta: llevar la antigua sabiduría al mundo moderno. Ellos fueron los principales co fundadores de la Sociedad Teosófica, a la que Olcott sirvió como Presidente durante los treinta y dos años siguientes. Cuando Olcott y Blavatsky dejaron New York para viajar a India en los últimos días del año 1878, la vida del coronel sufrió otra transformación, un cambio oceánico como dice Shakespeare en La Tempestad, un cambio hacia algo único, valioso. En India, el Coronel Olcott introdujo la Teosofía a multitudes de indios como la reformulación de su propia tradición; promovió el arte y la artesanía nativas, anticipándose al trabajo social que más adelante llevaría a cabo Gandhi; estableció la Biblioteca de Adyar, uno de los principales repositorios de antiguos manuscritos Sánscritos del mundo; fue un agente crucial en la inspiración del orgullo nacional que tuvo como resultado la creación del Congreso Nacional Indio. En Sri Lanka, Olcott trabajó infatigablemente para promover el Budismo, fundando escuelas y promoviendo periódicos; jugó un papel clave en la concesión de los derechos civiles a los budistas de Sri Lanka por parte del gobierno Británico; favoreció el Resurgimiento Budista al escribir un Catecismo Budista, promover el ecumenismo budista mediante sus Catorce Proposiciones Fundamentales, y diseñar una bandera que todavía está en uso. Olcott también inspiró dentro del Zoroastrianismo, el resurgimiento del lado interno de esta Antigua religión del Señor de Sabiduría. La natural habilidad de Olcott como sanador le ganó un número grande de devotos seguidores, hasta que su Maestro le indicó que cesara en tal trabajo debido a la pérdida que le causaba de su propia energía. Olcott fue también un viajero inveterado, en India y en otros sitios, promoviendo la causa de la Teosofía dondequiera que iba. Fue un conferencista muy solicitado y sus muchas conferencias y escritos merecen juntarse en una Colección de Escritos de Henry Steel Olcott, como seguramente se hará en su momento. Sin embargo, su trabajo literario más grande, seguramente es su historia auto biográfica de la Sociedad Teosófica, Páginas de un Viejo Diario. Este relato personal, escrito por un hombre que fue decisivo en la fundación y crecimiento de la Sociedad, es una historia sin paralelo de los primeros años de la organización de quien mejor la llegó a conocer. Como señaló Olcott sobre HPB y él mismo en Páginas de un Viejo Diario: “Solíamos referirnos a nosotros mismos como los Gemelos Teosóficos”. Ellos fueron con certeza las dos figuras centrales y unidas en la fundación de la Sociedad Teosófica y en la difusión temprana de la Teosofía. Los papeles que ambos jugaron en estos eventos fueron sin embargo diferentes y complementarios. HPB fue la persona “idea” del par. Fue ella quien tuvo el contacto primordial con sus maestros adeptos, y ella quien tuvo el carisma tanto para atraer como para desconcertar al mundo. Ella fue como una encantadora de serpientes de la India, atrayendo a la cobra de la sabiduría fuera del canasto de los antiguos mitos y leyendas. Y sin embargo es claro que HPB sola nunca hubiera podido tener éxito en el trabajo que se le dio. Ella era demasiado volátil y desorganizada. La dedicación de Olcott, su integridad y su habilidad para organizar, fueron el mortero que mantuvo unida la casa teosófica a través de sus primeros años y pruebas y que la estableció como la estructura que perdura hasta nuestros días y que indudablemente lo hará tan lejos en el futuro hasta donde alcanza la vista. El Maestro K. H. escribió al Sr. Sinnett lo siguiente acerca de Olcott (Carta de los mahatmas No 5 cronológica) Podemos confiar en él en todas las circunstancias; su fiel servicio nos está consagrado tanto en la adversidad como en el éxito. Mi querido Hermano, mi voz es el eco de la más imparcial justicia. ¿Dónde podremos encontrar igual devoción? Es alguien que nunca pone objeciones y que siempre obedece; que podrá cometer un sinnúmero de errores por cello excesivo pero que no se negará nunca a reparar su error aun a costa de la mayor humillación; que estima que el sacrificio de su propia comodidad y aún de su vida es algo que se debe arriesgar con alegría cuando sea necesario; que comerá cualquier cosa y hasta se pasará sin comida; que dormirá en cualquier cama; que trabajará en cualquier lugar; que fraternizará con cualquier paria; que soportará cualquier privación en pro de la causa. Annie Besant resumió la vida de trabajo de los gemelos teosóficos con una pregunta retórica: H.P.B. dio al mundo la Teosofía, H.S. Olcott dio al mundo la Sociedad Teosófica. cada uno fue escogido por los Maestros –quién aportó el mayor de los presentes? Los dones son diferentes pero complementarios e iguales. Ellos son el Yin y el Yang del Tai -Chi, la Causa Ultima. Al rememorar a Henry Steel Olcott en el aniversario de su muerte, estamos recordando a uno que fue el fiel servidor de las Grandes Almas o Maestros y el espíritu guiador de la Sociedad que Ellos trajeron a la existencia |
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