Mensaje de la electa Secretaria General de la S. T. en  España

Publicado en Sophía octubre de 2007

 

 

Desde la actual Secretaría General de la sociedad Teosófica Española, se nos hace llegar el siguiente mensaje que, con mucho gusto, transcribimos a continuación:


Queridos hermanos/as;


   Hubo un teósofo en la S.T.E. a quien -he oído decir- siempre le gustaba empezar sus disertaciones con la palabra “Amigos”. Vicente-Eugenio Olivares decía que para él tenía mayor sentido este término que no el de ‘hermano’. Y el muy querido por tantos hermanos, Saturnino Torra, a quien tuve la oportunidad y el privilegio de acompañar los segundos y cuartos domingos durante algunos años, comenzaba siempre sus disertaciones con las palabras “Queri dos amigos.. .“ con aquel cariño y entusiasmo que le caracterizaban. En recuerdo a él y en agradecimiento, me gusta ría ahora que me permitierais dirigirme a vosotros, por primera vez, como Presidenta de la Sección Española de la S.T. para este mandato, con las dos palabras:
“hermanos y amigos”.
 

   Lo primero —hermanos— es aquello en lo que nos hemos convertido desde el momento en que nos adherimos a este Movimiento y aceptamos sus Objetivos, en especial el Primero, significando tal palabra el reconocimiento del origen común de todos los seres. Lo segundo -amigos-, es lo que espero que podamos llegar a ser, vosotros y yo, mientras dure este período que se llama mandato pero que siento en mi interior como servicio. Para ello, me pongo por entero a vuestra disposición y a disposición de todo lo que convenga a la Sociedad, para poder acatar y conducir a buen término toda esta magnífica labor que la Sociedad brinda a todos nosotros en el camino del Servicio a los demás, dondequiera que nos encontremos y como quiera que convenga.

 

   La labor de la Sociedad es una labor intrínsecamente interna. Para ello se nos facilitan los textos maravillosos que durante años han ido llegando a nuestras manos para facilitarnos la tarea de comprender mejor la vida. Conocer, comprender e incorporar las Leyes Universales a las que toda la manifestación de la Vida está sujeta y, como consecuencia natural, comprender el transcurrir de nuestra propia vida entre los más próximos a nosotros y entre todo aquello que nos rodea y que en modo alguno nos es ajeno, es decir, entre todos los seres y entre todas las cosas. Como resultado de dicha comprensión la labor de los Miembros se convierte a la vez en interna y externa, pues el fruto del conocimiento, convertido en activas cualidades del alma, debe revertir en beneficio del mundo en general, ya que es patrimonio de la totalidad de la que procede.

   En el cristianismo, religión en la que la mayoría de nosotros hemos sido educados, se nos dice que el “pecado” que de ser de acción, de palabra o de omisión. Lo que la doctrina cristiana considera “pecado”, después de haber estudiado algo de la literatura teosófica, sabemos perfectamente que no es tal. Si acaso será “error”, en un sentido o en otro, un error, que puede conducir a terribles consecuencias, tanto al que yerra como al que recibe el fruto de ese error. Una cosa y otra conllevan un sentido de justicia, la implantación de una Ley Eterna, inmutable, que está por encima de todo y de todas las cosas. Es la ley del equilibrio que mantiene el mundo en su órbita, y que arregla lo que nosotros es tropeamos con nuestros actos. El resultado podemos llamarlo Karma, pero ese Karma, que no es justiciero, sino justo, no siempre somos capaces de conjeturarlo con exactitud. Puede ser un karrna benevolente que nos ayude a un mejor transcurrir de nuestras vidas, o puede ser un karma duro y dificultoso, resultado de una causa anterior que nosotros originamos, o tal vez, para que nos demos cuenta de las deficiencias de las que adolecemos y podamos subsanarlas. Todo el karma es muy complejo, pero se trata de la Ley de Causa y Efecto, corrobora da asimismo por la física. No hay causasin efecto, ni efecto sin causa y por ello todo cuanto sucede es intrínsecamente justo.

   No voy a extenderme más sobre este punto que podemos estudiar en la amplia bibliografía teosófica. En cuanto al “pecado” de palabra (o de pensamiento), es tal vez anterior al de la acción, y es el que nos ha movido a actuar. Con lo cual, este “pecado” es mucho más contaminante que la misma acción. Por eso es tan importante, según nos indican todos nuestros estudios, lo que en inglés se llama ‘to realize’ (que podría traducirse como “darse cuenta, descubrir, averiguar, realizar”). Si pudiéramos anteponer lo que indica este verbo a la acción que vamos a realizar, para que ésta no sea impulsiva, evidentemente sobre todo cuanto tiende a ser una acción negativa, podríamos lanzar un sus piro de alivio, pues, la mayoría de las veces nos perdemos por precipitación. Es lo que la sabiduría popular acostumbra a decir: “antes de decir o hacer nada que pueda resultar equívoco, cuenta hasta diez”. Esto siempre acostumbra a dar resultado. Y con esto no sólo podemos enriquecernos individualmente, sino que enriqueceremos todo lo demás.

   El tercer punto de la doctrina que venimos comentando es el de la “omisión”. Si estamos atentos a todo lo que vamos descubriendo gracias a nuestros estudios, veremos que el “pecado de omisión” puede ser tan duro o más que el de palabra (sentimiento) o acción (obra). Por el hecho de inhibimos de cualquier situación o circunstancia que se nos presente en la vida familiar, social, laboral, etc., y que honesta y sinceramente crearnos justa, podernos caer en ese horrible pecado de “omisión”. Una cosa es mezclarse en los asuntos de los demás si no te lo piden —y aun así hay que reflexionarlo debidamente antes de inmiscuirse, y otra es pasar de largo ante una situación equívoca y pensar que no tiene nada que ver con nosotros.

   En esta vida de congojas y alegrías, todo tiene que ver con todos. No se mueve una brizna de hierba, ni se cae una hoja de un árbol movida por el viento, que no implique un pequeño cambio de algún modo, en el árbol, en el suelo, en el mismo aire que la transporta. Eso es lo que pasa con todos nosotros con nuestros pensamientos, sentimientos, palabras, obras y omisiones.Si me atrevo a dirigirme a vosotros con esta especie de reflexión escrita, no es más que para deciros que, durante el tiempo que mi labor haga falta en la Sociedad y en el cargo que se me ha otorgado, todo mí énfasis, toda mi voluntad y todo mi interés estará encaminado a responder al hecho de no dejarme arrastrar por ninguno de estos tres “pecados” y tratar de ser la servidora más fiel y abnegada que mis propias facultades e inteligencia me permitan, ayudada por el espíritu del deber que, como buena estudiante de estas enseñanzas, siempre me anima, para no equivocarme en mi labor...

   Es con este ánimo y con esta entrega de servicio a la Sociedad Teosófica y a todos vosotros que hoy me despido fraternalmente y como vuestra Amiga.

 

Clarisa Elósegui


 

 
  Se nos ha comunicado que el Secretario saliente José Tarragó ha pasado a ser Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Teosófica Europea. Desde aquí le damos la enhorabuena y éxito en su nueva labor

 
 

 

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