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1. ¿QUÉ SUCEDE DESPUÉS DE LA MUERTE?

El temor que el hombre siente hacia la muerte está
inspirado, no tanto por la expectativa de algo terrorífico, sino por un
confuso sentimiento de incertidumbre, por el horror a un abismo de
ociosidad o a la negrura de la nada.
Pero la Teosofía nos da un relato preciso y exacto del proceso que
espera al hombre después de la muerte. Una vez que ésta se produce, es
posible que el hombre, que no se da cuenta inmediatamente de sus errores
y por ello es incapaz de corregirlos a la luz de la verdad, pueda
allegarle por ello el sufrimiento. El hombre ordinario, carente de
conocimientos, está ligado en el astral por el “elemental-deseo” y, no
comprendiendo las posibilidades que se le ofrecen tras su fallecimiento,
pierde así muchas oportunidades de servicio y de progreso. Las leyes de
la Naturaleza, lo sepamos o no, siempre nos acompañan y, el saberlo, nos
comporta una considerable ventaja tras la muerte. Su comprensión es
adquirir el poder de acelerar nuestra evolución.
La muerte no es otra cosa que nacer en otra región; es un proceso
repetido de quitarse vestiduras, pues el hombre inmortal sacude de sí,
una tras otra, las envolturas externas para pasar a un estado superior
de conciencia.
Fuente "El espacio el Tiempo y el Yo" de Norman Pearson
2. LA SEPARACIÓN DEL CUERPO FÍSICO.
Durante el lento proceso de morir, el doble etéreo llevando consigo a
Prana y a los principios superiores, va deslizándose fuera del cuerpo
denso, al cual queda conectado por un hilo magnético. Al momento solemne
de la muerte, aunque ésta sea repentina, la vida pasada desfila
rápidamente en revista ante el Ego, hecho del que han dado testimonio
aquellos a quienes se ha salvado de ahogarse.
El Ego revive entonces toda su vida en estos pocos segundos antes de la
muerte, cuando la personalidad, unificándose con el Ego omnisciente y
pasando revista a la vida entera que desfila ante él en sus más mínimos
detalles, con la cadena completa de causas y efectos, se contempla ya
sin el engaño del “yo” y comprende el propósito de la vida. Por
consiguiente, durante el lento proceso del morir, debería observarse en
la cámara del moribundo una extrema quietud y control de sí a fin de no
perturbar al Ego que está absorto en la contemplación de su vida pasada;
y no debería permitirse ningún llanto ni lamentación que implique la
idea de una egoísta pérdida personal.
Lentamente el hombre se retira así del cuerpo físico, envuelto en el
doble etéreo color gris-violeta, hasta que el hilo magnético se rompe.
Entonces, se sume él en una pacífica inconsciencia mientras el doble
etéreo flota sobre el cuerpo denso.
Después de algún tiempo, los cinco principios superiores se desenlazan
del doble etéreo sacudiéndolo como antes fuera sacudido el cuerpo denso,
dejándolo insensible como un cadáver, Prana regresa entonces al gran
depósito de vida universal del que procede y al que pertenece. El hombre
queda ahora residiendo en su cuerpo astral, listo para la vida astral.
Es conveniente cremar los cuerpos para evitar que el hombre, en su
cuerpo astral, se vea atraído hacia su cuerpo físico. Es importante
destacar que la actitud que mantenemos en el momento de la muerte tiene
una influencia fundamental en la composición posterior, a nivel de
densidad, del cuerpo astral en el que tendremos que residir en el “kamaloka”.
3.LA ESTANCIA EN KAMALOKA.
La muerte no cambia a un hombre en modo alguno; éste sigue siendo el
mismo en todo, excepto en haber perdido su cuerpo físico. A menudo no
cree él que está muerto. Durante algún tiempo trata de persuadirse de
que está soñando, pero gradualmente descubre que, después de todo, ya
murió. Pero pronto aparece un protector astral o algún otro muerto bien
instruido y aprenderá por él que no hay causa alguna de temor y que hay
una vida razonable que puede vivirse en este mundo nuevo, lo mismo que
en el que abandonó.
Pronto descubre que en este mundo astral los pensamientos y los deseos
se expresan en formas visibles, compuestas, en su mayor parte, de la
materia más fina del plano. Esto se hace más y más patente a medida que
avanza su vida astral y que él se va retirando más y más dentro de sí
mismo. Cada vez presta menos atención a la contraparte astral de los
objetos físicos residentes en los planos inferiores del astral, siempre
que no halla permitido que, fruto de su forma de vida en el plano físico
o el temor exagerado a la muerte y el excesivo apego a los bienes
materiales dejados atrás, halla provocado un excesivo enconchamiento de
las moléculas astrales que hubieran permitido que el cuerpo astral,
vehículo en el que reside la conciencia en Kamaloka, sea tan denso que
impida el ascenso a los planos superiores del Astral. Si no permitimos
que esto ocurra, el ego en kamaloka se ocupa cada vez más de la materia
superior de la cuál se construyen las formas mentales y así, su vida se
va transformando en una vida en el mundo del pensamiento. Todavía
persisten sus deseos pero la felicidad o la contrariedad de su nueva
vida dependerán principalmente de la naturaleza de esos deseos.
Toda la vida astral después de la muerte es un proceso constante y firme
de retrotaerse el ego dentro de sí mismo, cuando a su debido tiempo
llega el alma al límite de aquel plano, muere para él de la misma manera
que murió para el mundo físico, es decir, desecha el cuerpo de la
materia de aquel plano –astral- y lo deja tras de sí pasando a una vida
más elevada y más plena en el mundo celeste.
4. HABITANTES DEL PLANO ASTRAL.
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Humanas |
Humanas |
No humanas |
Artificiales |
| Vivas
físicamente |
Muertas
físicamente |
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| 1. Personas corrientes |
1. Personas corrientes |
1. Esencia elemental |
1. Elementales formados inconcientemente |
| 2. Psíquicos |
2. Sombras |
2 Cuerpos |
2. Elementales formados concientemente |
| 3. Adepto o su pupilo |
3. Cascarón |
3. Espíritu de la naturaleza |
3. Artificiales humanos |
| 4. Mago negro o su pupilo |
4. Cascarones vitalizados |
4. Devas |
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5. Suicidas y muerte repentina |
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6. Vampiros y lobos astrales |
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7 Magos negros o sus pupilos |
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8. Pupilos esperando reencarnación |
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9. Nirmanakayas |
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Fuente "El plano astral" Arthur Powell
El mundo astral se halla dividido en siete subdivisiones que se agrupan
en tres clases. Contando desde la más levada, las subdivisiones 1, 2 y 3
forman una clase; las cuarta, quinta y sexta, otra clase; y la séptima,
sola, la tercera clase. Aunque estas subdivisiones se interpenetran
libremente, la materia de las subdivisiones superiores se encuentra en
su totalidad a una mayor elevación sobre la superficie de la tierra, por
lo cuál la tendencia natural de las personas fallecidas es flotar en el
nivel que corresponde a la gravedad específica de la materia más pesada
de su cuerpo astral.
La materia astral es tanto más pesada cuánto una persona halla sido más
esclava de sus vicios y de sus pasiones durante su vida y, una vez
fallecida halla permitido el enconchamiento de su cuerpo astral
arrastrado por el miedo a perder todo aquello que dejó en la Tierra.
El subplano inferior, o séptimo, es el arrabal astral con su atmósfera
lóbrega y deprimente. Se encuentra bajo la superficie de la Tierra. Está
poblado por asesinos, rufianes, borrachos, libertinos, etc., flotando en
la oscuridad separados de los demás muertos. También se encuentran allí
los suicidas que cometieron el asesinato de su cuerpo a fin de escapar
al castigo por su crimen.
Las subdivisiones cuarta, quinta y sexta se pueden considerar como la
contraparte astral del plano físico. La gran mayoría de seres viven un
tiempo en la sexta subdivisión. Es como la vida física pero sin el
cuerpo.
Los niveles primero, segundo y tercero, si bien ocupan el mismo espacio
dan la idea de estar mucho más alejados del físico. Los habitantes del
tercer nivel, absortos en sí mismos, han creado por el poder de su
pensamiento, escuelas, iglesias, casas, incluso ciudades. Aunque son
meras creaciones colectivas del pensamiento, la gente vive allí muy
contenta durante muchos años.
La segunda sección es la de los religiosos extremistas, llenos de
egoísmo y faltos de verdadera espiritualidad. Es el “Valhalla” para
unos, el “Paraíso lleno de huríes” para otros.
La región primera es la de los intelectuales y científicos
materialistas. La vida astral es el resultado de todos aquellos
sentimientos que tienen en sí el elemento del “Yo”.
Es la vida astral, por tanto, el resultado de aquello que nosotros hemos
creado por nosotros mismos durante nuestra vida. Así será tanto más
llevadera y gozosa cuanto más elevado halla sido el carácter de nuestras
acciones y pensamientos a lo largo de nuestra vida, corresponde a lo que
los cristianos llaman el purgatorio. Sin embargo, la vida en el MENTAL
INFERIOR correspondería a lo que se llama “el cielo”, pues ésta es
siempre feliz.
Además, debemos añadir, que en el astral también se encuentran los vivos
mientras sueñan, además de los Maestros y sus discípulos y los Magos
negros también con sus discípulos. Y lo que es más peligroso para
aquellos que se aventuran en el mundo del espiritismo los cascarones
vacíos y semiinconscientes de las partes más densas del cuerpo astral
abandonados por los egos en su avance espiritual, siempre dispuestos a
ser revitalizados por la energía vital de cualquier incauto médium.
5. EL DEVACHÁN.
El Devachán, (la residencia de “los Devas” o sea el lugar de luz, o de
bienaventuranza), es una parte del mundo especialmente resguardada y en
la cual, por la acción de ciertos Devas (seres celestiales o, como se
les conoce en Occidente, Ángeles o, mejor en este caso, Arcángeles), no
se permite la existencia de males ni pesares.
Realmente no es un lugar sino un estado de conciencia, y se halla aquí,
alrededor de nosotros, a cada momento, tan cerca como el aire que
respiramos.
Después de su segunda muerte, en el mundo astral, despierta el hombre
gradualmente en su cuerpo mental. Durante la vida terrestre, cada ser
ordinario vive rodeado por las formas mentales que representan los
intereses capitales de su vida. Estas formas mentales nos acompañan
incluso más allá de la muerte. La fuerza de las formas mentales
egoístas: cólera, ambición, orgullo, avaricia, glotonería, etc., se
vierten en la materia astral y se agotan en el mundo astral. Pero sus
pensamientos altruistas, ya fueren puramente intelectuales o de
naturaleza compasiva, tierna, devota o amorosa, etc., pertenecen a su
cuerpo mental, y los lleva él consigo al Devachán, puesto que, tan sólo
mediante tales pensamientos refinados podrá apreciar el mundo celestial.
Las imágenes mentales (o formas de pensamiento) inegoístas que hayan
existido como semillas en el cuerpo mental, comienzan a manifestarse
como árboles en el Devachán, de tal suerte que cuando un hombre hubiere
formado muchas imágenes mentales, ya fuere por su aspiración al
conocimiento, o por altruista deseo de ayudar a la humanidad, (por más
que tales imaginaciones hayan sido consideradas en el mundo como
castillos en el aire) se materializan ahora en la materia más fina del
mundo mental y el hombre se encuentra allí haciendo cada cosa de acuerdo
con sus deseos.
Siendo la materia mental más sutil que la materia física, los
pensamientos son cosas en el mundo mental o celeste; y mediante el poder
del pensamiento, cada uno crea en los cielos su propio mundo de acuerdo
con sus deseos. Tal como son los pensamientos de un hombre, así es su
Devachán, y como no son iguales los pensamientos de un hombre, así es su
Devachán, y como no son iguales los pensamientos ni de dos personas, sus
cielos deben por consiguiente, ser diferentes. Sin embargo, como cada
uno se encuentra allí a cada momento exactamente de acuerdo con su
deseo, todos son extremadamente dichosos, si bien disfrutando de
diferente grado de felicidad.
Ahora bien, su cuerpo mental es un vehículo que de ninguna manera se
halla por completo desarrollado como el astral y que lo aleja del mundo
mental alrededor de sí, en lugar de capacitarlo para verlo; ya que
solamente se hallan en plena actividad aquellas partes de su cuerpo
mental que usó de manera altruista durante su vida terrestre. Los
pensamientos elevados, refinados y nobles, las aspiraciones inegoístas
que él generó durante su vida terrestre, se agrupan entonces en torno a
él formando alrededor de sí una especie de cascarón mediante el cual
puede responder a ciertos tipos de vibración en la refinada materia del
mundo mental.
Estos pensamientos que lo rodean son los poderes mediante los cuales se
da cuenta de la riqueza del mundo celeste, y si bien aquel mundo es un
almacén de extensión infinita (toda gloria y toda belleza concebibles),
él puede aprovecharlos exactamente de acuerdo con su capacidad de pensar
sin egoísmo. Un alma enteramente inegoísta, y altamente evolucionada,
tiene plena conciencia aquí, se puede mover en su vehículo mental tan
libremente como el hombre ordinario emplea su cuerpo físico, y mediante
él inspecciona vastos campos de conocimiento superior que se extienden
ante sí. Todo ser, exceptuando uno enteramente salvaje, tendrá con
seguridad algo de esta maravillosa vida de bienaventuranza. Por
consiguiente y de hecho, en lugar de que algunas “almas” vayan al cielo
y otras al infierno, la mayor parte tienen su etapa tanto de purgatorio
como de cielo, la cuales solamente difieren en sus proporciones
relativas.
En este plano existe la infinita plenitud de la Mente Divina, abierta en
todo su ilimitado influjo para toda alma, justamente en la proporción en
que aquella alma se hubiere calificado a sí misma para recibir. Además
como los pensamientos se intensifican por el uso reiterado, un hombre
que hubiere empleado, en el Devachán, cientos de años en verter afecto
desinteresado, ciertamente sabrá cómo amar más fuertemente y mejor en su
siguiente vida. La vida en el Devachán es de asimilación y las
formas-pensamiento de las aspiraciones o de experiencias mentales y
morales, acumuladas en la tierra, son entretejidas en el carácter del
alma como facultades mentales y morales, y llegan a ser los poderes y
las cualidades, las capacidades y tendencias, para su próxima vida sobre
la tierra.

Como ya se explicó, hay siete subdivisiones en el mundo mental lo mismo
que en el astral. Las tres superiores, los niveles Arupa-Loka o “Sin
forma”, son la residencia del Ego en el cuerpo causal, en tanto que los
cuatro niveles inferiores, los Rupa-Loka, forman el cielo en donde los
seres pasan su vida celestial en el cuerpo mental. Como en el cuerpo
mental nada hay que corresponda a la redistribución de la materia
astral, un ser no pasa a través de las sucesivas etapas o regiones del
mundo celestial una tras otra, como sucede en el mundo astral, sino que
es atraído hacia el nivel que corresponda más íntimamente al grado de su
desarrollo, y transcurre allí toda su vida en el cuerpo mental.
Al final de la vida celeste que dura diferentes períodos, llega al
cuerpo mental su turno de ser desechado, como les sucedió a los otros, y
comienza entonces la vida del hombre en el cuerpo causal. Todas las
facultades mentales que se expresan en los niveles inferiores junto con
los gérmenes de vida pasional inegoísta que se infundieron en el cuerpo
mental, son atraídos hacia el cuerpo mental y, en función del grado de
desarrollo evolutivo de cada Ego, reside el Pensador por algún tiempo en
su propia patria nativa; descansan allí las almas por un poco de tiempo,
apenas conscientes, pero asimilando los pequeños resultados de la
reciente vida terrestre.
Con todo, si el hombre está ya desarrollado, su vida en el nivel “Arupa”
es mucho más larga, rica e intensa, ya que su cuerpo causal crece y se
organiza mejor; y él retorna a la vida terrestre con un conocimiento
mayor y con un poder más efectivo para ayudarse a sí y ayudar a los
demás. En el subplano más elevado viven los Maestros y Adeptos y sus
discípulos más adelantados; en el inmediato inferior, las almas cuya
superior evolución es testimoniada por su cultura interna y su
refinamiento natural cuando viven en cuerpos terrestres; y en el tercer
subplano la vasta mayoría de los 60.000 millones de almas que forman la
masa de nuestra aún retrasada humanidad.
Para todo hombre, por menos que haya progresado, adviene un momento de
clara visión antes de su retorno a la tierra, y entonces ve él su vida
pasada con las causas que tendrán que ser elaboradas en el futuro, y,
mirando hacia lo porvenir, ve también su próxima encarnación que lo
espera con sus posibilidades y oportunidades. Entonces las nubes de la
materia se cierran sobre él y oscurecen su visión, y principia un nuevo
ciclo de otra encarnación con el despertar de los poderes de la mente
inferior a través de “Tanhá”, la sed ciega por la vida manifestada.
De "El Espacio el Tiempo y el Yo"
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
- El Budismo esotérico. A.P. SINNET.
 
- El Conocimiento de Sí Mismo. I.K. TAIMNI.
- Teosofía explicada. P. PAVRI.
 
- El Océano de la Teosofía. W.Q. JUDGE
 
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