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El pensamiento es un cambio en la conciencia, que corresponde a una
modalidad de movimiento en la materia del plano mental. Hemos hablado ya
de "Manas", el Pensador» quien piensa o conoce, y la Mente es tan sólo
un instrumento suyo para obtener conocimiento, un órgano de conciencia
en su aspecto como conocedor. Vemos los objetos cuando la luz éter actúa
en ondulaciones entre tales objetos y nuestro ojo; cuando pensamos en
algún objeto, el pensamiento-éter, es decir la materia del mundo mental
actúa en ondulaciones entre aquel objeto y nuestra mente. No tan sólo
creamos nosotros estas, ondas, sino que también las ondas de pensamiento
creadas por otros repercuten en nuestro cuerpo, mental y modifican el
arreglo de sus materiales; y, al pensar concretamente, experimentamos de
nuevo los impactos de las ondas de pensamiento originales.
El hombre posee un vehículo
correspondiente a cada uno de los mundos ínter penetrantes de nuestro
Sistema Solar; que su cuerpo astral es el vehículo de sus de-seos,
pasiones y emociones; y que, de igual modo, su cuerpo menta! es el
vehículo para la expresión de su pensamiento. En la materia del cuerpo
mental es donde surge primero el pensamiento como una vibración visible
al ojo del clarividente, vibración que produce varios efectos tan
definidos en su acción sobre el fino tipo de materia, como lo es el
poder del vapor o de la electricidad sobre la materia física.
Cada ser humano, rico o pobre, joven o viejo, tiene a su disposición
una considerable proporción de las fuerzas de los más finos tipos de
materia que responden a las
influencias del pensamiento y de la emoción humanos. Este poder, si
bien común a todos/es inteligentemente usado hoy tan sólo por algunos.
Su posesión acarrea consigo responsabilidad; pero la mayor parte de los
hombres están haciendo mal uso de este poder a causa de su ignorancia, y
en vez de utilizar en su plenitud estas magníficas, posibilidades,
inconscientemente se están causando daño tanto a sí mismos, como a los
demás.
“Tan sólo los pensamientos originan la rueda de nacimientos",
dice una Escritura Hindú, "que cada hombre trate de purificar sus
pensamientos; en aquello en lo que un hombre piensa, en eso se
convertirá". —"Tal como un hombre piense en su corazón, así es", dijo el
Sabio" Rey de Israel. — "Todo lo que somos está constituido por
nuestros pensamientos", declaró el Buddha. — "La Pureza (de
pensamientos, palabras y obras) es la clave de la religión Zoroastriana;
-"La Pureza, nos dice, es la mayor bienaventuranza”, “la pureza en
palabras y obras depende evidentemente de la pureza del pensamiento” —
"quien quiera que mirase codiciosamente a una mujer ha cometido ya
adulterio con ella en su corazón", dijo el Cristo. — Y también: "El que
odia a su hermano es un asesino."
El pensamiento es real en dos sentidos, directa e indirectamente. Todo
el mundo reconoce la acción indirecta del pensamiento, pues es obvio que
la gente deba pensar primero antes de que pueda hacer algo, y el
pensamiento es la fuerza motriz de la
acción, así como el agua es la fuerza motriz del molino. Pero la gente,
por regla general, ignora que el pensamiento tiene también una acción directa sobre la materia, y que si un hombre traduce o no su pensamiento
en acción o palabra, el pensamiento ha producido ya su efecto. Además, como el pensamiento es el padre de la acción, una persona podrá
modelar su carácter, y por consiguiente su destino, por el ejercicio de
este poder.
Efectos del
pensamiento
En términos generales pueden dividirse en dos grupos: Los efectos producidos sobre el hombre mismo y los
producidos fuera del
hombre.
Los efectos producidos sobre el mismo hombre son: Primero,
el efecto sobre el propio cuerpo mental, es decir, el hábito de repetir
fácilmente un pensamiento particular; y segundo, los efectos producidos
sobre los otros dos vehículos, los cuerpos astral y causal que, en grado
de densidad, están, respectivamente, bajo y sobre el cuerpo mental; es
decir, un resultado temporal sobre sus emociones y un resultado
permanente en la construcción de cualidades en el Ego.
Los efectos fuera del hombre son la producción de una vibración
irradiante y de una forma flotante.
El efecto sobre el cuerpo mental del hombre es que establece un
hábito en él, porque el pensamiento tiende a repetirse. Si bien
existen diferentes tipos de materia en el cuerpo mental, cada uno con su
propio tipo especial de vibración al cual responde rápidamente, un
pensamiento poderoso pone bajo el mismo tipo de oscilación a la materia de todo el
cuerpo; y si un hombre acostumbra su cuerpo mental a cierto tipo de
vibración, tal cuerpo aprende a re-producirlo fácilmente y adquiere la
costumbre de repetir prontamente aquel pensamiento particular. Por otra
parte, una mente ocupada por ciertos pensamientos, actúa, como un imán,
atrayendo pensamientos similares de los demás e intensificando el
efecto original. Por ejemplo, si pensara siempre en un pensamiento
noble, una persona establecería un centro de atracción hacia el cuál
convergerían de por. sí otros pensamientos nobles, atraídos por afinidad
magnética, y su mente sería ayudada y fortalecida por estos pensamientos
que afluyen del exterior, ganando él así más de lo que da.
En segundo lugar tenemos los efectos sobre los cuerpos astral y causal.
La perturbación en un tipo de materia física se comunica a otro tipo,
más denso o más fino; por ejemplo, el viento perturba la superficie del
mar y un terremoto produce una grande ola en el océano. De igual modo,
una perturbación en la materia tosca del cuerpo astral, esto es, una
emoción, puede causar ondulaciones en la materia más fina del cuerpo
mental, a saber, un pensamiento correspondiente a la emoción; y
viceversa, un movimiento en el cuerpo mental puede afectar la materia
más densa del astral, un pensamiento que provoque una emoción. Y así
podía un hombre, recapacitan-do sobre lo que él considere una ofensa,
encenderse fácilmente en cólera; si bien, alimentando pensamientos de
calma, podría evitar tal cólera.
Igualmente, el cuerpo mental actuará también sobre el causal que es más
fino, manera en la cual los pensamientos habituales construyen
cualidades en el mismo Ego. Como ya se explicó , al
hablar de Karma, el pensamiento construye el carácter. Las cualidades
que forman el carácter de la personalidad, es decir, el carácter que es
moldeado por cada una de sus personalidades en tomo, mediante el
entrenamiento y las circunstancias que le rodean, carácter que se
muestra en el cuerpo
mental, son absorbidas en d cuerpo causal y se convierten en el carácter
persistente del individuo;
y el hombre retoma a la tierra con estas cualidades como su capital
disponible para una nueva vida.
Y así, considerando los efectos sobre el hombre mismo, vemos que en
primer lugar el pensamiento tiende a repetirse y a constituir un hábito;
y en segundo lugar, que actúa sobre el mismo hombre no tan sólo
temporalmente en sus emociones, sino también permanentemente en su
carácter. Al tratar de las formas de pensamiento. se verá otro resultado
más sobre el hombre, de sus pensamientos con-centrados en sí.
El pensamiento en sí aparece primeramente, ante la visión
clarividente, como una vibración en el cuerpo mental y puede ser simple
o compleja. Si es puramente intelectual, como por ejemplo, si el hombre
pensare en una cuestión filosófica o en resolver un problema de
matemáticas, la vibración resultante quedaría confinada al mundo
mental; si el pensamiento fuere de naturaleza espiritual, si estuviere
teñido de amor, aspiración o sentimiento inegoísta, se elevara a los
reinos del Mental superior, o, más aún, hasta el plano Búdico, y podrá
ser excesivamente glorioso y poderoso. Pero la mayoría de los
pensamientos humanos, de ninguna manera son sencillos. Existe el afecto
absolutamente puro, pero muy a menudo lo encontramos teñido de orgullo o
egoísmo, de celos o de pasiones animales; y así, cuando un pensamiento
está manchado por deseos personales, sus vibraciones tienden hacia
abajo y la mayor parte de su fuerza se gasta en el mundo astral.
Existiendo, pues, por lo menos dos vibraciones separadas, una en el
cuerpo mental y la otra en el astral, la vibración irradiante será muy
compleja, en tanto que la forma de pensamiento mostrará varios colores
en lugar de uno solamente.

Por tanto, el primer efecto del pensamiento, externo al hombre, es una
vibración radiante (simple o compleja de acuerdo con la naturaleza del
pensamiento) en el océano de materia mental tan sólo, o en ambos
cuerpos, el mental y el astral, como la ondulación producida por una
piedra arrojada a un estanque. Estas ondulaciones, actuando sobre sus
respectivos niveles como las vibraciones de luz o de sonido en el mundo
físico, irradian en todas direcciones y llegan a ser menos poderosas a
medida que se alejan de su fuente. Las radiaciones de pensamiento
afectan no tan sólo al océano de materia mental circundante, sino
también a otros cuerpos mentales que se mueven en él. Las vibraciones
de una nota cualquiera sonada en un piano, son llevadas a través del
aire y ponen en, juego la nota correspondiente en otro plano que
estuviere afinado exactamente al mismo tono. De igual manera, siendo
trasmitida una vibración de pensamiento en un cuerpo mental mediante la
materia mental, tiende a reproducirse en otro cuerpo mental, es decir,
produce en otra mente un pensamiento del mismo tipo que aquél de la
mente del pensador qué emitió la vibración; en otras palabras, se puede
decir que el pensamiento es "infeccioso".
La fuerza de la radiación se vierte principalmente sobre alguno de los
cuatro niveles del mundo mental inferior; pero estando los pensamientos
de un hombre centralizados en su mayor parte alrededor de sí, son
ondulaciones de la subdivisión inferior del mundo mental y, a causa de
que su cuerpo mental está todavía sin desarrollar, las porciones
superiores de aquel cuerpo se hallan aún por completo dormidas.
La distancia recorrida por tal onda y la fuerza y persistencia con la
cual repercute sobre los cuerpos mentales de otros, dependen de la
fuerza y claridad del pensamiento original, ya que el pensador se
encuentra en la misma posición que un orador que pone
en movimiento ondas de sonidos en el aire que irradian en todas direcciones y transmiten su mensaje: la distancia a la cual puede
llegar su voz depende de la fuerza y claridad de su enunciación. Y así,
un pensamiento poderoso llegará mucho más lejos que uno débil e indeciso,
pero la 'claridad y precisión con de mayor importancia aún que la
fuerza. Igualmente, como una voz que cayese sobre oídos sordos, una
fuerte onda de pensamiento puede pasar sin afectar la mente de un hombre
que ya estuviese ocupada en otra línea de pensamiento.
Esta vibración radiante transmite el carácter del pensamiento, pero no
su asunto, y es extremadamente adaptable. Puede reproducirse
exactamente si encuentra un asunto que responda fácilmente a ella en
todos sentidos. De otra manera produce un efecto decidido sobre líneas
ampliamente semejantes a las suyas. Las vibraciones devocionales que
broten de un hindú en éxtasis de adoración hacía Shri-Krishna,
repercutiendo sobre el cuerpo mental o astral de otro correligionario,
harán surgir en éste un pensamiento o un sentimiento idénticos al
original; pero si las mismas vibraciones repercuten sobre un Mahometano
o sobre un Cristiano, podrá suscitar en ellos el sentimiento de devoción
hacia Alá o hacia el Cristo, respectivamente; y
aun si tocaron el cuerpo mental de un materialista que ninguna idea
tuviere de devoción, .producirían, sin embargo, un efecto exultante al
excitar la parte superior de su cuerpo mental hacia cierta clase de
actividad, si bien no podrían crear un tipo de vibración ajeno por
completo al hombre. Y así, un hombre cuyo pensar siga líneas nobles y
elevadas, está haciendo obra de misionero, si bien podrá ser por
completo inconsciente de ello.
Por el contrario, si un hombre pensare de otro con odio
o malicia, irradiará una onda tendiente a provocar pasiones similares en
otros; y aunque su sentimiento de odio por alguien pueda 'ser ignorado
por aquellos otros, al grado de ser imposible que lo compartan, empero,
la radiación hará surgir en ellos una emoción de la misma naturaleza
hacia un hombre enteramente distinto. Y por esa causa podrán ellos
llegar hasta cometer un asesinato en ti ardor de la pasión; pero el
primer hombre que irradió la onda, la que suministró fuerza al golpe
asesino, tendrá que compartir el karma del homicidio como uno de los que
originaron tal pasión.

Formas de pensamiento
El segundo efecto del pensamiento, externo al hombre, es la creación
de una forma mental definida y flotante.
Los cuerpos mental y astral tienen que ver principalmente con la
aparición de las formas de pensamiento. Cada pensamiento produce las
respectivas vibraciones en la materia del cuerpo mental, acompañadas de
un maravilloso juego de colores; y el cuerpo, bajo este impulso, despide
una vibrante porción de si mismo, conformada por la naturaleza de las
vibraciones. Esta porción reúne en torno a si materia similar de la
esencia elemental mental que nos rodea en todas direcciones, produciendo
una forma de pensamiento de un solo color si el pensamiento es sencillo.
Pero cuando la energía del hombre fluye al exterior, hacia los objetos
externo de deseo, o se ocupa en actividades pasionales o emocionales,
esta energía trabaja no el la materia mental sino en la materia
más tosca del cuerpo astral o de deseos. Y así, cuando están excitadas
las pasiones de un hombre o cuando lo invade una oleada de emoción, su
cuerpo astral entra en una agitación violenta, con varios colores
característico irradiando a través de él. Entonces el cuerpo astral da
origen a una segunda clase de entidades, similares en su constitución a
la simple forma de pensamiento, pero limitada al plano astral, y
causadas por la actividad de Káma Manas, o sea, la mente dominada por el
deseo. Este cuerpo, al vibrar, despide una porción de sí mismo,
conformada con la anterior, por la naturaleza de las vibraciones, y esto
atrae hacia él algo de la esencia elemental del mundo astral. Tal
"forma-pensamiento" tiene, como cuerpo, esta esencia elemental y como
alma es deseo o pasión que la irradió, en tanto que su fuerza será
proporcional a la cantidad de energía mental combinada con el deseo o la
pasión. Las formas mentales de esta segunda clase son, con mucho, las
más comunes, ya que muy pocos pensamientos de personas ordinarias están
libres del deseo, pasión o emoción.
La esencia mental en conexión con aquella vida semi-inteligente que nos rodea
en todas direcciones, no se halla diferenciada en formas estables o
persistentes. La materia de los mundos astral y mental,
independientemente de un alma que hace de ella su vehículo, se encuentra
animada por esta esencia elemental, una clase peculiar de vida, que es
delicadamente sensitiva, plena de vitalidad y no individualizada. El
efecto producido en las partículas de agua en un vaso, al pasar por
ellas una corriente eléctrica, podría dar una débil idea de la vitalidad
y energía de los grados de materia mental y astral, a medida que la
esencia elemental de los tipos I, II y III la afecta y la vivifica. Esta
materia vivificada está, por así decirlo, en un "estado crítico", presta
a "precipitarse" en formas de pensamiento al momento que la afecte una
vibración de
pensamiento emitida por la mente de un pensador. Y así responde
fácilmente a la influencia de pensamientos y sentimientos humanos,
revistiéndose cada pensamiento. o impulso, de un vehículo temporal de
esta materia vitalizada. Tal pensamiento o impulso se convierte
temporalmente en una criatura viviente, siendo el alma la fuerza
pensamiento y el cuerpo la materia vivificada, y se la conoce como una
"forma de pensamiento" o un elemental artificial. Una forma de
pensamiento es una entidad viviente, con una vigorosa tendencia a llevar
a cabo la in-tención del pensador, pero ni es auto-conciente ni capaz de experimentar placer o dolor. Existe una infinita variedad en el color y apariencia de tales formas de pensamiento, pues cada pensamiento atrae
hacia sí la materia que le es adecuada para su expresión, y hace vibrar
aquella materia en armonía con la suya propia. Según el tipo y la
calidad del pensamiento, será la forma mental creada en la esencia
elemental, mental o astral. Estas formas de pensamiento son pasajeras, o
bien duran por horas, meses o años; de ahí que se les clasifique entre
los habitantes de los mundos invisibles bajo el nombre de
"elementales". Hay .cuatro principios generales que regulan la
producción de todas las formas de pensamiento:
1.- La calidad o carácter del pensamiento determina su color.
2.- La naturaleza del pensamiento determina la forma.
3.- Lo definido del pensamiento determina la precisión o claridad del
contorno.
4.-La firmeza y fuerza del pensamiento determinan su duración y
tamaño.
Los colores indican el carácter del pensamiento y están de acuerdo con
los que existen en los cuerpos sutiles.
La labor de una forma de pensamiento es mucho más
limitada pero más precisa que la de una ondulación radiante. La forma no
puede alcanzar a tantas personas, de hecho no puede actuar sobre alguna
persona a menos que ésta tenga en sí algo que estuviere en armonía con
la energía que anima tal forma; pero, cuando actúa, produce en el cuerpo mental que
influencia, no meramente un pensamiento de naturaleza similar sino el
mismo pensamiento actualizado. Una radiación puede afectar a millares
haciendo surgir en ellos pensamientos del mismo nivel que el original;
sin embargo, podría suceder que ninguno fuera idéntico al pensamiento
original; pero una forma de pensamiento, si bien puede afectar tan sólo
a unos pocos, re-produce exactamente la idea que le dio origen.

Todas las formas de pensamiento pueden dividirse en tres grupos:
1.- Aquellas que asumen la imagen del pensador. Cuando un hombre piensa
de sí mismo como si se encontrase en algún lugar distante, o cuando
desea ardientemente estar en aquel lugar, crea una forma de pensamiento
de su propia imagen que aparece allí, y a la cual, siendo algunas veces
vista por otros, se la toma por el cuerpo astral de aquel hombre.
2.- Las que adoptan la imagen de algún objeto material. Cuan-do
un hombre piensa en algún amigo, en una habitación, en un paisaje, en un
libro, etc., forma, dentro de su cuerpo mental, una pequeña imagen de
aquel amigo o de cualquier cosa en la que hubiere pensado. Esta imagen
flota en la parte superior de aquel cuerpo, generalmente enfrente de la
cara del hombre y al nivel de sus ojos. Permanece allí durante el tiempo
que el hombre se halla contemplan-do aquel objeto y generalmente por un
poco tiempo después, antes de que se externe o muera, dependiendo la
longitud del tiempo de la intensidad y claridad del pensamiento.
3.-Las que asumen una forma enteramente propia, expresando sus
cualidades inherentes en la materia que acumulan alrededor de sí.
Representar formas de
pensamiento del primero o segundo grupos, sería tan sólo esbozar
retratos, paisajes, etc., ya que en estos ti-pos tenemos la materia
plástica mental o astral modelada a semejanza de las formas que
pertenecen al plano físico, pero en este tercer grupo tenemos un
destello de las formas propias de los planos astral o mental.
Vamos a referirnos aquí, sencillamente, al último grupo que puede ser
subdividido en tres clases:
1.-Pensamientos definidamente dirigidos hacia otra persona o personas.
2.-Pensamientos no dirigidos a otros, pero conectados capitalmente con
el pensador, es decir, concentrados en sí.
3.-Pensamientos no dirigidos especialmente a otra persona ni
centralizados en el pensador.
Las formas de pensamiento de las tres clases mencionadas de este tercer
grupo, se manifiestan principalmente en el plano astral, ya que la mayor
parte de ellas son expresiones de sentimiento, tanto como de
pensamiento. La vibración de un pensamiento con algo de deseo personal
se vuelve hacia lo inferior y atrae en tomo a sí un cuerpo de materia
astral en adición a su revestidura de materia mental; y la forma
pensamiento resultante puede actuar sobre los cuerpos astrales de los
hombres lo mismo que sobre sus mentes; por tanto puede no tan sólo
suscitar pensamientos dentro de ellos sino también producir emociones.
a) Pensamientos dirigidos hacia otros:
Supongamos que un hombre envía un pensamiento de afecto
o devoción, de envidia o de odio; tal pensamiento, lo mismo que cualquier otro,
producirá una vibración radiante que afectará a todas aquellas personas
que quedaren dentro de su esfera de influencia;
pero la forma pensamiento así creada tiene una intención definida, por
lo cual tan pronto como se separa de los cuerpos mental y astral del
pensador, va directamente hacia la persona en la cual se pensó y penetra
en su aura. Es una especie de Botella de Leyden, que existe para el
único propósito de descargarse y aprovecha la primera oportunidad de
hacerlo así. La esencia elemental, astral y mental, forma la botella, en
tanto que la energía del pensamiento corresponde a la carga de
electricidad. Si el ser a quien va dirigida se halla en una condición
pasiva, o pensando en algo similar a la naturaleza de la forma de
pensamiento, desde luego se descargará a sí misma, provocando o
intensificando, una ondulación semejante a la suya; pero si él se
encontrare ocupado activamente en algún otro trabajo, la forma de
pensamiento merodea alrededor de él esperando una oportunidad favorable
para descargarse.
- Pero un pensamiento, bueno o malo, para cumplir su misión, deberá
encontrar en el aura del sujeto a quien se envía, materiales capaces de
responder simpáticamente a sus vibraciones; de otra manera para nada
podrá afectar a aquella aura, sino que rebotará de ella con una fuerza
proporcionada a la energía con la cual chocó sobre dicha aura. Por
consiguiente, un mal pensamiento lanzado en contra de alguna persona
santa, rechaza de su cuerpo y, rebotando por su propia energía, regresa
a lo largo de la línea magnética de menor resistencia y se descarga
sobre quien lo originó, por tener éste, dentro de sus cuerpos astral y
mental, materia semejante a la de la forma-pensamiento. Y así, "las
maldiciones, lo mismo que las bendiciones, vuelven a su casa para
anidar".
Un pensamiento lleno de intensidad, digamos, de un deseo puro cargado de
amor o benevolencia, construirá una forma de exquisita belleza, tanto en
su contorno cuanto en su color; en tanto que un pensamiento de cólera,
odio o venganza, o de cualquiera otra mala pasión, co nstruirá una forma
repugnante en su deformidad, que será el propio demonio del mal, lleno
de ansias de dañar y destruir. El amor de una madre produce
una hermosa forma de pensamiento, llena de ternura, rondando alrededor
de los niños como un agente protector y defensor, buscando toda
oportunidad de servir y defender, alegrándolos en sus tristezas y, como
un verdadero ángel guardián, protegiéndolos en el peligro y
precaviéndolos en la tentación.
b) Pensamientos concentrados en sí:
Un pensamiento dirigido hacia alguna otra persona, vuela
como un proyectil hacia ella; pero, si está conectado con el pensador
mismo,
permanece flotando cerca de su creador, listo para reaccionar sobre él y
para suscitar de nuevo en su mente el mismo pensamiento cada vez que se
halle por un momento en condición de pasividad. La mayor parte de
pensamientos y sentimientos de un hombre ordinario están concentrados
en él mismo, por lo cual sus formas permanecen merodeando alrededor de
él. Generalmente cada pensamiento definido crea una nueva forma de
pensamiento; pero si se encontrare ya merodeando alrededor del pensador
una forma de pensamiento de igual naturaleza, bajo ciertas
circunstancias, en vez de que un nuevo pensamiento sobre el mismo asunto
dé origen a una nueva forma, se incorpora a la antigua y la fortalece,
de tal suerte que, por una larga repetición del pensar sobre el mismo
asunto, una persona podrá a veces crear una forma-pensamiento de
tremendo poder. Y así, cada hombre ha edificado para sí mismo una
corteza de formas de pensamiento, verdaderas revestiduras tanto de
sentimientos cuanto de pensamientos, y el hombre viaja a través del
espacio rodeado siempre de una hueste de tales formas y encerrado, por
así decirlo, dentro de una jaula creada por él mismo. En tanto que su
mente este ocupada con otros pensamientos estas formas revolotean
alrededor de él en espera de su turno; pero al momento que se ago-tan
aquellos pensamientos, o que su mente queda desocupada o en estado
pasivo, él, siendo el más cercano a tales formas, siente la reac-ción de
ellas en la primera oportunidad y, experimentando la presión de sus
malos pensamientos como si fuese una sugestión del exterior, se cree
tentado por el diablo. Y así es cómo un hombre que habitualmente piense
de mala fe, o codicie los bienes de otro, podrá cometer un robo en un
momento de debilidad.
Por el contrario, un hombre cuyos pensamientos habituales sean de
pureza, podrá, bajo la presión de sus formas de pensamiento, capacitarse
para efectuar buenas obras, las cuales, estando muy por encima de su
poder normal, le parecerá haberlas hecho con la ayuda de los ángeles, si
bien ambos ejemplos mencionados son meramente casos de reacción natural
de los respectivos sentimientos y pensamientos habituales del hombre.
c) Pensamientos no centralizados en el pensador ni dirigidos
especialmente a otra persona;
Una forma-pensamiento generada por ésta clase de pensamientos, ni
revolotea alrededor de la persona siguiéndola hacia donde ella vaya, ni
se dispara directamente lejos de él en busca de un objetivo definido,
sino que simplemente permanece flotando ociosamente en la atmósfera en
que fue creada irradiando vibraciones similares a las que originalmente
emitió su creador. Si no toma contacto con algún otro cuerpo mental, su
depósito de energía se agota gradual-mente, consumido por la radiación,
y la forma se desintegra por completo; pero si aquella forma de
pensamiento logra despertar vibraciones simpáticas en cualquier cuerpo
mental cercano, es atraída, y generalmente absorbida, por dicho cuerpo
mental. Un hombre ordinario tiene numerosos pensamientos de esta clase
y los deja tras de sí como una especie de estela que marca la ruta de su
creador.
Toda la atmósfera está así llena de vagos pensamientos de es-te último
tipo, por lo cual, mientras caminamos a lo largo abriéndonos paso, por
así decirlo, a través de estos fragmentos vagos y errabundos de los
pensamientos de otras gentes, nuestras mentes, cuan-do no
definitivamente ocupadas, son seriamente afectadas por ellos. La mayoría
de tales formas, al pasar por una mente ociosa no despiertan ningún
interés especial, si bien esporádicamente surge una que atrae la
atención y entonces la mente, fijándose en ella, la alimenta por un
momento o dos y la despide un poco más fuerte de lo que estaba a su
llegada. Ni la cuarta parte de nuestros pensamientos son nuestros; sino
que simplemente son fragmentos tomados de la atmósfera, en la mayor
parte de los casos, sin valor alguno y con una tendencia general más
claramente marcada hacia el mal que hacia el bien.
Cada hombre ordinario produce estas tres clases de formas de pensamiento
durante toda su vida.
El poder del pensamiento
Estamos, pues, poblando nuestra atmósfera, bien sea con ángeles de
belleza y de virtud, o bien con repugnantes demonios de fealdad y de
vicio; purificando o ensuciando las mentes de nuestra generación, y si
alguna vez pudiésemos verlos, su visión nos haría re-capacitar y ser
siempre cuidadosos para desechar todo pensamiento malo o impuro. Y así,
ya no podemos afirmar que por lo menos nuestros pensamientos son cosa
nuestra, o que, si ciertamente debemos ser cuidadosos respecto a
nuestras, palabras y acciones, nada importa lo que sean nuestros
pensamientos. De hecho, nuestros pensamientos son menos nuestros que
nuestras palabras o acciones, ya que los primeros viajan a mucha mayor
distancia de nosotros que los dos segundos, y su influencia,
ejercitándose directamente sobre las mentes de los demás, es más
poderosa y de mucho mayor extensión.
Tal es el poder de acción de los pensamientos sobre nosotros mismos y
sobre los demás. No tan sólo nos afectamos grandemente al formar
nuestros hábitos y carácter en los cuerpos astral y mental, y al
edificar cualidades permanentes en el cuerpo causal, sino que también
influenciamos a los demás, ya sea para bien o para mal. al irradiar
vibraciones y formas de pensamientos de varias clases. emociones, y para
evitar los pensamientos malos, ociosos, o inútiles
que dañan la mente?
En vez de permitir que cualquier impulso o sacudida
emocional nos arrolle, debemos aprender a mantenerlos bajo control por medio de la
mente. Con las riendas de la mente en sus manos, el conductor, o sea el
hombre real, debe ser capaz de refrenar y dirigir los caballos del deseo
que tiran del carro del cuerpo físico.
El primer paso para controlar la mente, es mantenerla útilmente
ocupada. No se le permitirá estar ociosa, ya que así cualquier pasajera
forma de pensamiento puede infiltrarse en día, además de que
permaneciendo en ociosidad es más probable admitir malas impresiones
que buenas. El mejor modo es mantener en el fondo de nuestra mente un
pensamiento elevado o alguna inspiración para un noble vivir. La mente
puede ocuparse solamente con una cosa en un tiempo determinado; el buen
pensamiento elegido debería ser el opuesto del mal pensamiento que
continuamente se infiltrarse; deberíamos seleccionar unas pocas palabras
o una frase que den cuerpo al buen pensamiento, para que cuando el mal
pensamiento aparezca en la mente, ésta, instantáneamente, comience a
recitar el pasaje seleccionado, ya sea repitiéndolo muchas veces, o
bien repitiéndolo una y meditando sobre él. De tiempo en tiempo, durante
el día, cuando la mente esté ociosa, deberíamos repetir dicho pasaje. De
este modo, el mal pensamiento cesara gradualmente de molestar, ya que
la atmósfera mental creada no es propicia para su recepción. Unas
cuantas palabras extractadas de alguna Escritura sagrada y grabadas en
la mente por las mañanas, acudirán a ella una y otra vez durante el día,
hasta que la mente las repita automáticamente cada vez que no esté
ocupada.
El segundo paso para entrenar la mente es el de llevar a
cabo, lo más perfectamente posible, todo lo que tengamos que hacer. Esto implica la
adquisición del poder de concentración. Una persona de temperamento
devocional, debería crear una imagen del objeto de su devoción y
concentrar su mente en ella; y, estando su corazón apegado a tal
objeto, la mente se ocuparía de él con mucha facilidad. Un ser no devocional debería tomar como tema de concentración alguna idea profunda
de interés intelectual. Un ser no atraído por personalidad alguna, podrá
elegir una virtud y concentrarse en día. Esto halagaría su corazón, por
su belleza intelectual y moral/y como su mente se conformaría a ella,
tal virtud llegaría á ser parte de su carácter. Tarea difícil es ésta,
ya que cualquiera que trate de mantener su mente absolutamente fija en
cualquier asunto por unos cuantos minutos, se fatigaría prontamente.
Pero deberíamos todos tratar de adquirir este poder de concentración,
enfocando nuestra atención en cada cosa que hagamos durante el día y
tratando de hacerla lo mejor que nos sea posible. Y así, por ejemplo,
al escribir una carta deberíamos escribirla bien y con suma atención/sin
des-cuidar detalle alguno; al leer un libro deberíamos leerlo con toda
atención tratando de desentrañar el significado que le dio el autor.
Igualmente, la persona que deseare entrenar su mente debería mantenerse
en actitud vigilante, dándose cuenta de los pensamientos que penetren a
su mente y ejercitando una constante selección. La practica de rehusar
albergue a los malos pensamientos, su pronta expulsión cuando hayan
entrado, y el reemplazar un mal pensamiento por uno de buena índole,
afinarán de tal manera la mente que automáticamente actuará repeliendo
el mal y atrayendo el bien.
La construcción del carácter
Este es el tercer método de concentración, recomendado
para una persona no devocional, y se ha descrito ya en el capítulo,
sobre karma, como uno de los "hilos de la cuerda del destino."
Lo describiremos brevemente: Examinando su carácter, podrá una
persona fijarse en algún notable defecto suyo, por ejemplo, la
irascibilidad. En este caso jamás debería olvidar que, puesto que el
pensamiento es constructor, el fijar su pensamiento en la irritabilidad
haría a ésta más permanente en vez de ahuyentarla; por tanto, debería
siempre tomar, como asunto de su pensamiento, lo opuesto de cualquier
debilidad suya. Otro ejemplo: para quitarse la falta de veracidad,
debería meditar en la virtud exacta-mente opuesta, a saber, la verdad. Y
así, ponderando acerca de la virtud de la paciencia, que es la opuesta
exactamente a la debilidad de la ira, debería diariamente por la mañana,
antes de salir de su habitación, sentarse en recogimiento en algún lugar
quieto, por cinco minutos, y pensar y meditar en la paciencia, en su
Valer, en su belleza, en practicarla al ser provocado, etc., y escribir,
por decirlo así, un ensayo mental sobre la paciencia, fijando la mente
cuando empiece a divagar y retro-trayéndola de nuevo una y otra vez, de
las desviaciones marginales por las que pudiere irse. Debería pensar de
sí mismo como si fuese un modelo de paciencia, haciendo el voto de
sentir y practicar esta virtud durante todo el día en la vida practica.
Durante los primeros pocos días, es posible que no se efectúe ningún
cambio perceptible, y aunque pueda él a veces dar cabida a la ira
deberá perseverar en la meditación todas las mañanas. Observará después
que, al proferir alguna expresión colérica, como un relámpago brillará
en su mente el pensamiento de que debió haber sido paciente. Con un poco
de más tiempo, el pensamiento de paciencia surgirá a la par que el
impulso irascible, cuya manifestación externa será reprimida. Con algo
más de práctica, el impulsa irascible se irá debilitando, y por fin, al
desaparecer la irascibilidad, la paciencia llegará a ser la actitud
normal. De esta manera podrá adquirirse una virtud tras otra y crearse
un carácter ideal mediante el poder del pensamiento, hasta que las
pasiones, apetitos y naturaleza inferior, sean dominadas y puestas por
completo bajo control.
Por supuesto, gran número de personas en el mundo tienen la
costumbre de considerar el carácter del cual se hallan dotados, como
algo inalienable que les ha sido deparado, como sería la cojera, por
ejemplo. Si un hombre tiene mal genio o débil voluntad o bien si se
siente lleno de deseos de cosas groseras, dirá "Así me hicieron, así es
mi carácter natural" No se da cuenta de que el mismo se hizo así en sus
vidas anteriores y de que, por consiguiente, si logra dominar cualquiera
de sus debilidades, podrá modificarse mediante sus esfuerzos actuales.
Pero él ignora que puede cambiar un carácter que es indeseable, y,
además, no comprende por qué debería hacerlo. No es cosa fácil para un
hombre cambiar su carácter, que es la verdadera base fundamental suya. Tal vez
no hay, un incentivo suficiente o una razón adecuada respecto al por
qué, un hombre ordinario, debería tomarse todas esas molestias. Pero si
él comprende el plan de Dios; si aprende a amar a Dios puesto que Dios
es Amor, y trata de cooperar con El, entonces tendrá el más poderoso de todos
los motivos posibles para ponerse en aptitud de cooperar en la grande
obra de la evolución. Asimismo, conociendo la reencarnación, sabe él que
su Vida actual no es la única vida/sino que tendrá todas
las vidas que necesitare; que el punto hasta el cual llegue en una vida
es el punto del cual continuará su tarea de mejorar su carácter en la
próxima encarnación; que por mayor que fuere el intervalo que transcurra
entre el fin de una vida y el principio de la próxima, de ningún modo
alterará la unidad del proceso de la vida, y que, por consiguiente,
puede modificarse a sí mismo, produciendo los cambios más fundamentales
en su carácter y en su disposición. Y así, únicamente el conocimiento
superior que da la Teosofía es lo que suministra un incentivo realmente
eficaz para cualquier cambio serio de carácter.
Como evitar el desperdicio de nuestra energía
Cada persona tiene cierta cantidad de energía
y es responsable de
su uso en la mejor manera posible, pero un hombre ordinario prodiga
locamente su fuerza. Es él, simplemente, un centro de vibración
agitada; constantemente se halla en condición de ansiedad, o
profundamente deprimido, o indebidamente excitado por cualquier
bagatela, comunicando así sus vibraciones de inquietud, si bien
inconscientemente, a todos aquellos que tuvieren la mala fortuna de
encontrarse cerca de él.
Otro modo muy común de malgastar energías es por la argumentación
innecesaria sobre asuntos políticos o religiosos, o acerca de los
incidentes de la vida ordinaria. Un hombre prudente jamás trata de
imponer su opinión sobre las demás, y, sabiendo que no debe importarle
lo que otro crea, sencillamente rehúsa gastar su tiempo y energías en
varías disputas, si bien se halla dispuesto a dar información cuando se
le consulta.
La gente envejece más por las preocupaciones que por el trabajo.
Tormento inútil es el de estar repitiendo la misma cadena de
pensamientos una y otra vez con muy poca alteración y sin llegar a
ningún resultado. De esta manera muchas personas malgastan su energía
prediciendo males para sí mismas y para sus seres queridos, o temiendo
la muerte o la ruina financiera. Pero no deberían pretender cruzar el
puente antes de llegar a él; habrían de conocer también que el mundo se
halla gobernado por una justicia absoluta; que nadie puede dañarlos
salvo como instrumentos de la Ley, y que nada podrá sucederles que no se
lo hayan merecido por su Karma pasado. Deberían aprender, por
consiguiente, a entrenar su mente para que confíe en la Buena Ley y a
establecer en ellos la costumbre de estar contentos.
Igualmente, un hombre prudente rehúsa sentirse ofendido por las
afirmaciones o acciones de otro, ni permite que se altere su serenidad a
causa de ellas, ya que conoce que una observación, irritante, aún
intencionalmente malévola, de ninguna manera podrá dañarlo excepto en la
medida en que él, tontamente, permita sean heridos sus sentimientos,
perdiendo así el control sobre sus vehículos.
 Claro que no. famas el hombre bueno;
el de juicio sereno;
el recto y justo, ofensas ha de hacerme'.
Todos los otros; los que así no sean,
por mucho que lo crean,
no pueden ofenderme.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
Powel, Arthur. EL CUERPO ASTRAL

"
" EL CUERPO MENTAL

Besant, Annie EL PODER DEL PENSAMIENTO

Besant y Leadbeater FORMAS DE PENSAMIENTO
Wood, Ernest PERFECCIONAMIENTO
DE SI MISMO
Taimni, I K
RENOVACIÓN DE SI MISMO Y REALIZACIÓN POR SI MISMO

Hall, Manly EL
RECTO PENSAMIENTO
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